lunes, 19 de diciembre de 2016

El granjero (Madmardigan Kohonen II)

El hombre que alimenta a los caballos no presta atención a nada más que no sea sus hermosos animales y a la cesta de manzanas que, cada vez, se hace menos pesada. No se da cuenta que, a unos sesenta metros de distancia, una polvareda de arena se levanta del suelo. O, mejor dicho, no todos los personajes de su cabeza se dan cuenta de lo que se está acercando y, aquellos que lo hacen se callan  por respeto al desayuno de los caballos. Los que hoy se llaman Gata y Perro tienen que comer para seguir siendo tan hermosos como su dueño. Madmardigan se esfuerza que así sea. Coge una manzana y la aplasta contra el hocico de Gata aunque ella ya ha  decido que está más que saciada y no quiere comer más. Perro, en cambio, relincha desesperado. En todo el transcurso del desayuno solo ha comido media manzana y porque a Mad se le había caído de la cesta. Perro, que ayer se llamaba Tenedor y el día anterior Retrete, debe de esperar su turno. Hoy le toca comer primero a la yegua. ¡Qué coma hasta reventar! Ayer le tocó al caballo comer primero y mañana le volverá a tocar. Que no sea tan abusador. Es el turno que Gata coma hasta reventar.

-Vamos bonita, solo una más. No te pondrás fuerte si no sigues comiendo-.

Madmardigan habla a la yegua como si fuera una niña pequeña, casi un bebé. Y si ella es la niña, entonces él es el padre de que la cuida y la protege para que nada malo le suceda. ¿Es éste el personaje que hoy debe interpretar? El hombre de las mil historias se lo pregunta al mismo tiempo que sigue aplastando la manzana contra el hocico de Gata e ignora a la polvareda de humo y arena que cada vez está más cerca, a treinta metros, para ser exactos.

-¿No te quieres hacer fuerte y grande como tu papi?- levanta el brazo con el que sujeta la cesta y hace la intención de mostrar los músculos que no tiene. –Solo una más, di: “ahhh”-.

La polvareda de humo y arena llega a donde están la caravana, los caballos y el loco de las mil historias. Los rodea y Madmardigan cree que está en el centro de un huracán. Levanta los brazos y los estiras en forma de cruz como si estuviera a punto de salir volando. Ahora, su historia, es la de un kaijin con facciones y alas de águila que quiere volar con las corrientes de aire que encuentre en sus viajes. Mad, interpretando al hombre pájaro, grita y pía al mismo tiempo. Es un gran actor; domina absolutamente todos los sonidos que ha escuchado e incluso es capaz de inventarse algunos nuevos. El grito del hombre águila que interpreta es uno de eso gritos nuevos. Con él, demuestra el ansia de querer volar del personaje y la alegría que siente al estar a punto de hacerlo.

Sin embargo, ninguna corriente puede levantar al loco de las mil historias simplemente porque no hay ninguna corriente. El huracán de polvo y arena era provocado por un grupo de caballos. Madmardigan no se da cuenta de ello hasta que se da cuenta que no es un kaijin con facciones de pájaro. Tal vez sea un guerrero como esos que le rodean. Todos con armaduras de placas de metal pintadas con líneas verdes. Tan resistentes que podrían aguantar cualquier golpe con las espadas de atrezo que el hombre de las mil historias guarda en sus baúles y tan relucientes que sería un delito que alguien las ensuciase lazándoles una manzana podrida. Un delito que todos los personajes del interior de la cabeza de Madmardigan Kohonen se ponen de acuerdo en realizar. Coge una manzana podrida de la cesta y se la lanza al caballero que parece el líder del grupo. ¿Cómo diferenciarlo? De la misma manera que se puede diferenciar al protagonista de una obra de teatro del resto de los actores: éste está un paso más cerca de Mad que los demás caballeros.

El caballero líder ladea ligeramente la cabeza. No hay modo de saber si está molesto por la manzana podrida que ha chocado contra su pecho, su rostro lo tiene tapado por un casco de color gris con rayas verdes a los lados; a juego con el resto de la armadura. Se baja del caballo y Madmardigan lo mira con una sonrisa de oreja a oreja. Ya no interpreta al kaijin águila que quiere volar con las corrientes de aire, ahora es un delincuente que realiza actos criminales contra la guardia de la ciudad de Graddos. Ciudad que, pese a existir de verdad, está a muchos kilómetros de distancia de dónde se encuentra el loco de las mil historias.

-Entiendo su frustración granjero, son días terribles para todos nosotros.- el líder de los caballeros se quita el casco dejando al descubierto el rostro de una chica de veintipocos años. El líder resulta que es “la líder”. ¡Qué giro de guión más inesperado!- Pero atiéndame, necesitamos información y usted nos la puede proporcionar. – guarda unos segundos de silencio en los que Mad aprovecha para sacarse un moco de la nariz, se está aburriendo de esperar a “la líder”.- Atiéndame se lo ruego- su voz suena neutral y genérica, casi sin tonalidad alguna.- ¿Ha visto pasar a un grupo de orcos por este lugar? Es importante, señor granjero. Debe de hacer memoria-.

 El hombre de las mil historias presta atención al cabello corto y rizado de la líder de los caballeros.  Es de un color tan rojo que, por un momento, cree ser un bombero que tiene que salvar a la chica que está muriendo por el fuego que nace de su cabeza. Ese momento en el que es un bombero se esfuma cuando la chica le ha llamado “granjero”. ¿Granjero? ¿Acaso Madmardigan Kohonen, prestigioso actor, puede interpretar a un vulgar granjero? La respuesta es un enorme: ¡SÍ! Entre todos los personajes que se esconden en lo más profundo de su ser hay un granjero. La chica de cabellos rojizos debe de referirse a ese granjero. ¿Por qué iba a llamarle granjero a solo un hombre que alimentaba a sus caballos? “Un granjero es un granjero”. Y un granjero no es un actor maquillado de payaso, un kaijin pájaro que quiere volar, un bombero ni mucho menos un caballero. “Un granjero es un granjero”. Se lo repite mentalmente de nuevo para entrar en el papel.  Mas, Madmardigan siente que le falta algo para llegar a ser el personaje que le llaman. En una obra de teatro, el simple hecho de llamar a alguien “granjero” no es suficiente. No quiere que le pase lo mismo que con el kaijin águila y pierda el personaje al darse cuenta que no tiene alas ni plumas. El granjero debe tener algo para que el público reconozca que él es EL GRANJERO. 


-¡Todavía no soy el granjero que buscas!- La voz de Madmardigan suena como un susurro, como una voz sin sentimientos, sin tono, sin emoción y también sin humanidad. Es la voz del Narrador. Aquel que habla para poner en situación a los espectadores que vean la eterna obra de teatro que Madmardigan Kohonen interpreta con todos sus personajes al mismo tiempo.


Corre tan rápido como sus piernas le permiten hacia el interior de la caravana. Ahí hay todo lo que sus personajes necesitan. El Granjero debe encontrar algo que sea suyo. Algo por lo que se le reconozca como granjero. Madmardigan, removiendo entre las decenas de baúles encuentra una horca y una rama  de naranjero con la que poder meterse en la boca como si fuera un verdadero granjero cansado después de un largo día trabajando en el huerto. Por supuesto, ambos objetos son falsos. Madmardigan lo sabe pero no lo cree. Para él, esos objetos forman parte de sus vidas. De esas vidas que sin esos objetos los espectadores no entenderían a quién interpreta.


-Ya soy EL GRANJERO.- Dice con una amplia voz al salir de un bote de la caravana. - Ha sido un largo día de trabajo en el huerto. ¡Y lo que todavía queda! Bienhallada seas joven mujer y bienhallados sean sus amigos. ¿En qué puede servirles este humilde granjero que como deber solo tiene el cultivar las pocas hortalizas que su vieja tierra hace crecer?-

Uno de los caballeros se lleva la mano en la frente. ¿Le estará aburriendo la función? Eso es algo que Madmardigan no puede permitir. Se sube los pantalones hasta el ombligo, coge aire para llenar sus pulmones y grita con todas sus fuerzas:

-¡SOY EL GRANJERO!-

-Esto no es un asunto para estar bromeando- dice la líder de los caballeros, el tono neutral ha desaparecido y se ve cierto toque de irritabilidad en su voz. Madmardigan sonríe orgulloso, siente que es tan buen actor que es capaz de sacar de sus papeles a los demás actores.- es un asunto serio-.

-No ganaremos nada con él- dice uno de los caballeros de detrás de la líder.-lo mejor será que le dejemos seguir su camino y nos vayamos de aquí-.

No. Sus espectadores no pueden abandonar la obra, no cuando ésta acaba de empezar. El hombre de las mil historias que ahora es EL GRANJERO tiene que pensar algo para recuperar la atención del público. Un giro de guión, una escena de acción o cualquier cosa que mantenga a los espectadores pegados en sus asientos, en este caso, a los caballeros pegados a sus monturas.

-¡Sí! Los orcos, recuerdo haber visto los orcos. Destruyeron el huerto de mi amigo Thimas y por poco también destruyeron el mío. Suerte que me pillaron cuando estaba trabajando y pude hacerles frente con mi horca – Mad amenaza a la líder de los caballeros con la herramienta agrícola como si fuera una lanza- ¡Ningún orco es rival para mí, JA!-

-¿Y dónde se encuentra el huerto del señor Thimas, me lo puede decir?- la líder de los caballeros es muy educada y muy considerada ante la locura de Mad.

-¡Como usted diga, mi señora! Les llevaré hasta ahí. Está lejos, a unas horas de camino a caballo. ¡Síganme! Les mostraré el camino- esto lo dice a la vez que escupe la ramita de naranjo y se sube al tejado de la caravana.

La historia del huerto de Thimas es falsa, forma parte de la función que Madmardigan ha ideado con tal de poder entretener a los caballeros. ¡Y funciona! La joven e ilusa líder sube a su montura y se pone detrás de la caravana de Madmardigan junto a dos de sus caballeros, le van a seguir a cualquier lugar dónde él vaya. ¡Qué buen actor que es! El resto de caballeros sigue su camino, tienen muchas ciudades que visitar y muchos otros granjeros a los que preguntarles si saben alguna noticia acerca de los orcos. Mad los ignora, es feliz y sonríe gustosamente al saber que ha conseguido ganarse la atención de la líder de los caballeros.

  

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